Preguntas difíciles
No es extraño que los niños hagan preguntas. Preguntas complejas, casi surrealistas que muchas veces nos hacen desear con ansias una televisión con las chicas superpoderosas en rotativa para lograr cambiar el foco de atención.
Ya llevo 8 años de madre y podría hacer una lista con cosas simples como ¿por qué el mar no se rebalsa si no tiene barandas?, ¿Si me mandas a mi pieza castigado que hago si quiero ir al baño? y ¿para que voy al colegio si cuando grande se me va a haber olvidado todo lo que aprendí? O cosas cotidianas como ¿para qué me baño si me voy a ensuciar más tarde? o ¿por qué no comemos papas fritas todos los días si es lo que me gusta?.
Pero hay una en específico que superó todas mis expectativas. Hace un par de años, mientras almorzaba con mis hijos antes de llevarlos al Jardín Infantil Esperanza me preguntó: Mamá, ¿cómo sabemos si esto es realidad o lo estamos soñando?…..
Ok. Respiré profundo y recordé una vieja promesa que hice mientras estaba embarazado en relación a responder todo lo que mis hijos requirieran de mi. Luego traté de buscar algo en mi memoria histórica que me conectara con sus entonces 4 ò 5 años para responder algo medianamente coherente y entendible. Entonces le dije: Si pruebas la comida sentirás el sabor y en los sueños no siempre sientes los sabores. Mami, siguió, yo cuando sueño que como helado, siento el sabor del chocolate y la crema…
Argumento desechado. Hija, proseguí en mi desesperado intento de aclararle algo que me imagino grandes pensadores y filósofos se han preguntado, si te pelliscas sentirás dolor, si estuvieras soñando, no lo sentirías. Mami, me dijo, la otra vez soñé que me caía del columpio y me dolían mucho las rodillas… otro argumento desechado.
Debo confesar que a esas alturas me estaba angustiando, no sabía que ofrecer a esos ojitos que parecían estar esperando alguna revelación mágica que le permitiera seguir viviendo. Seguí buscando en mi disco duro y le dije que los sueños no siempre son tan ordenados como lo es realidad… A su corta edad me dijo: ¿tu crees?
Después de eso, nos fuimos a peinar a las muñecas!

